
Cuatro meses después de comenzar su vida como madre viuda, la existencia de Miranda era un ciclo borroso de duelo y supervivencia. Tras perder a su esposo a causa del cáncer en medio de su embarazo, tuvo que enfrentarse sola a los retos del cuidado de un recién nacido, conciliando las exigencias físicas de la lactancia con una agotadora jornada de limpieza que empezaba a las 4:00 a.m. en una empresa financiera del centro de la ciudad.
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