PARTE 2
“¿Pensaste que te harías millonario a mis espaldas, pedazo de basura?”, escupió Rogelio, pateando 1 de las herramientas que Mateo había usado para limpiar. Detrás de él, 1 hombre trajeado, de mirada fría y codiciosa, dio 1 paso al frente. Era Roberto Herrero, el sobrino del artista y primo de Valerio, 1 abogado corrupto de la capital que había movido sus oscuros hilos al escuchar los rumores del hallazgo millonario.
“Valerio es 1 anciano incompetente”, declaró Roberto con voz gélida, mostrando el papel con firmas falsificadas. “Esa venta por 100 pesos fue 1 fraude, 1 abuso de confianza. Esta casona y todo lo que hay dentro, especialmente las 50 obras de mi tío Augusto, pertenecen a la familia Herrero. Y tu querido padrastro aquí presente me ha cedido sus derechos legales para confiscar tus bienes, como pago por los supuestos 100,000 pesos que le robaste de su caja fuerte al huir”.
Era 1 mentira vil, 1 trampa legal monstruosa diseñada para aplastar y arruinar a 1 joven indefenso. Antes de que Mateo pudiera siquiera pronunciar 1 palabra para defenderse, los 2 matones de Rogelio se abalanzaron sobre él. Lo golpearon brutalmente en el estómago y en el rostro, sacándole el aire y llenándolo de moretones. Lo arrastraron por el suelo de madera que él mismo había pulido con sus manos ensangrentadas y lo arrojaron sin piedad a la calle enlodada, tal como Rogelio había hecho 3 meses atrás.
“¡Mírate! ¡No eres nadie! ¡Naciste en la miseria y morirás en ella mientras yo me hago asquerosamente rico!”, le gritó Rogelio con 1 carcajada demoníaca, cerrando de 1 portazo los pesados portones de hierro de la casona.
Tirado en el lodo frío, con la sangre escurriendo por su labio y lágrimas de impotencia quemando sus mejillas, Mateo sintió que el universo entero lo aplastaba. Le habían arrebatado su único refugio, su esperanza, su futuro. Pero entonces, en medio de su dolor físico y emocional, recordó las últimas palabras de su madre Clara en la habitación del hospital: “Eres más fuerte de lo que imaginas, Mateo. Lucha siempre”.
Esta vez, Mateo no iba a quedarse en el suelo. Se levantó a duras penas, limpió la sangre de su rostro y caminó con paso firme hasta la ferretería. Al ver al muchacho en ese estado deplorable, Don Antonio enfureció. “En México, la justicia de los políticos a veces duerme, muchacho, pero cuando el pueblo grita de rabia, el mundo entero tiembla”, sentenció el viejo ferretero.
Llamaron de urgencia a la profesora Lucía. Indignada y asqueada por la crueldad infinita de la situación, Lucía encendió 1 transmisión en vivo en su cuenta de Facebook, que tenía miles de seguidores universitarios. Mateo, con la voz quebrada por el dolor pero con 1 mirada de fuego, contó su historia frente a la cámara. Mostró el contrato de compraventa legítimo, relató el maltrato sádico de su padrastro tras la muerte de su madre, y expuso cómo ese abogado corrupto planeaba robar el patrimonio cultural del pueblo para venderlo en el extranjero.
El impacto fue nuclear. En cuestión de 2 horas, el video alcanzó 5 millones de reproducciones. La indignación estalló en todos los rincones del país. Cientos de miles de personas compartieron la publicación exigiendo justicia inmediata. Los comentarios hervían de furia contra Rogelio. La presión mediática fue tan brutal que las televisoras nacionales y las autoridades federales no pudieron ignorar el escándalo. Conmovidos por el video viral, 1 de los bufetes de abogados más poderosos e implacables de la capital contactó a Lucía para tomar el caso de Mateo de forma totalmente gratuita.
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