La nieve caía en copos suaves y constantes, cubriendo las calles de blanco y amortiguando los sonidos habituales de la bulliciosa ciudad.

Una ciudad nevada | Fuente: Pexels
En el interior de una pequeña y cálida cafetería, el Sr. Harrison, un profesor jubilado de ojos amables y cabeza llena de ralo pelo gris, estaba sentado junto a la ventana. Sobre la mesa había una taza de café humeante junto a su ajado ejemplar de “Matar a un ruiseñor”.
El Sr. Harrison pasó una página, levantando la vista de vez en cuando para ver a la gente pasar deprisa junto a la ventana.

Un hombre leyendo un libro | Fuente: Pexels
Le gustaba aquel lugar. Era tranquilo, cálido y familiar. Notó que la puerta de la cafetería se abría con un tintineo agudo. Un chico entró temblando y dando pisotones para quitarse el frío de encima.
No tendría más de trece años. Llevaba una chaqueta fina y demasiado grande, de las que se han pasado de generación en generación, y unos zapatos que parecían dos tallas más grandes. Tenía las mejillas enrojecidas por el frío y el pelo oscuro pegado a la frente, mojado por la nieve derretida.

Un niño en una cafetería | Fuente: Midjourney
El Sr. Harrison bajó ligeramente el libro y entrecerró los ojos en una silenciosa observación.
El chico se quedó un momento cerca de la puerta antes de ver la máquina expendedora del rincón. Se acercó lentamente, con pasos vacilantes, y se llevó la mano a los bolsillos. Tras tantear, sacó un puñado de monedas y las contó.
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