Le prohibí la entrada a mi boda porque sus harapos ensuciaban la alfombra roja, sin saber que minutos después, mi propio novio detendría la ceremonia para arrodillarse ante él.
Renata vio al hombre mugroso poner un pie sobre la alfombra roja de la iglesia y sintió más asco que miedo, como si aquella figura empapada, con el pantalón roto…









